sábado, 25 de mayo de 2013

Día de juegos de zombis

El pasado sábado habíamos organizado una cita muy especial en nuestro club: un día completo entero jugando a juegos de mesa de zombis. La idea llevaba rondando ya algún tiempo entre algunos de los miembros, fieles seguidores del género, y entre todos sumábamos alrededor de quince títulos diferentes. Juntarlos todos y encerrarnos en el bunker... digooo... en el local para hacer un curso intensivo de supervivencia ante el inevitable Apocalípsis Zombi que ha de llegar más pronto que tarde nos pareció la idea más lógica.





De modo que, bien tempranito, quedó un animoso grupo dispuesto a entrenarse en todos los escenarios posibles de advenimiento apocalíptico, para que nos pille bien preparados el día en que no haya más sitio en el infierno y los muertos se levanten de sus tumbas. De primera un café mañanero en la cafetería de al lado para estar alerta y despiertos y hala, directos al asunto.


Los primeros juegos llegados, posando sobre la mesa

El juego con el que decidimos abrir boca fue "Les Morts aux Trousses", que se podría traducir como "con los muertos en los talones". Un título que hace un chiste tan malo ya pone en aviso de que este juego del todo serio no es."La premisa del juego era sencilla: de resultas de la Guerra Fría las radiaciones han reanimado a los muertos y ahora se dedican a devorar a los vivos sin consideración alguna. Por suerte, en el sótano de su vieja mansión el Tío Sal ha montado un búnker para estar prevenido por si algún día todo se iba al garete (¿y quién no tiene montado algo parecido en algún rincón de su pisito?). Los jugadores deben conseguir llegar al búnker para ponerse a salvo... después de encontrar la llave que se encuentra en el piso superior. Bueno, y el pequeño detalle de que en el búnker no hay sitio más que para un individuo. Se ve que el Tío Sal no era muy sociable.


Los valientes personajes: la Pilingui, la Abuela Franquista, el Negro Afro, Roger Federer y el inefable... ¡Hombre Pollo!

Creo que no exagero si digo que ha sido de las partidas más delirantes que he jugado nunca, con escenas propias de  una película de Tarantino. Esta es la descripción de mano de uno de los jugadores :

"Imaginad cómo entran en una casa un negro afro, una pilingui, una señora franquista, un pollo amarillo y Roger Federer. Federer y el pollo, aprovechando las linternas, se van al sótano a verlas venir con la famosa táctica de "ya irá otro a por la llave". Los demás suben al primer piso, pero aquello es más entretenido que Isla Mágica. Un cortocircuito por aquí, un incendio por allí, un derrumbe por acá...total, que la pilingui, que no es muy dada a las matemáticas, decide derrumbar la parte del piso por la que iba a avanzar, la señora, que está muy mayor, no se acuerda y sube por allí sabiendo que no hay salida, y mientras tanto el negro, al que le llovieron palos por todos lados, decide coger la llave del búnker pensando para sus adentros que quizás con tanta quemadura podría parecerse más a Michael Jackson.




Tzencho Jackson convertido en churrasco.

"Mientras que las mujeres se enzarzaban en una guerra dialéctica sobre la conveniencia de esa minifaldatanbajaquemellevasyponteunarebequitaquerefresca, el negro consigue llegar al sótano para terminar pisando un monopatín que le lleva a otra habitación en la cual, inocentemente, Federer había tirado un cóctel Molotov. Total, que Federer posee ahora la llave, pero su amigo el Hombre Pollo cierra la puerta del búnker y le deja a merced del incendio provocado por la fritada de una salchicha (sí, como suena). Al final ambos se miran, el pollo con un cuchillo eléctrico, Federer con una motosierra, se reparten estopa en la antesala del búnker en llamas, agonizante el Hombre Pollo le arroja un hacha de mano... y falla. Federer le dispara con su ballesta... y falla también. El Hombre Pollo le roba el arma, pero Federer posee un gran revés a una mano y termina matándolo mientras él mismo termina por chamuscarse. Victoria moral por cercanía a la puerta, diría yo.



El fabuloso Hombre Pollo cae vencido

"En eso que la pilingui decide que será más fácil buscar la otra llave y atravesar la horda de zombis del primer piso. Entretanto la señora mayor, que tiene la vista muy mala, echa la puerta abajo con las manos desnudas (sic) y decide atravesar el incendio existente en lugar de la otra zona "porque así veo mejor". Y así le fue. Al final la pilingui sobrevivió huyendo por la otra puerta mientras los jugadores zombificados se dedicaban a la ingesta del churrasco ibérico, antesala de la barbacoa de este domingo"


La escabechina final, con la Pilingui a salvo en el bunker 

Como al final la mañana se fue en terminar esta partida, iba tocando hacer una parada para comer y reponer fuerzas, esperando la incorporación de los jugadores del "turno de tarde".
La tarde se dividió en varias partidas paralelas. Jack, Neni y servidor escogimos un clásico de nuestra mesa como es el "Last Night on Earth"; en el escenario escogido al azar los supervivientes debían defender la granja de los zombis hasta la llegada del amanecer. Lo que se dice un escenario clásico, vaya.





Merecen mención especial el dueño del restaurante, un ex-militar muy duro de roer con escopeta recortada  y puro incluido; la hija del granjero (estaba tan apetecible que fue la primera en ser degustada por los zombis) y la carta de evento "T-Bone", el colega del instituto que echó un cable a los protas bate de béisbol en mano... para regresar al turno siguiente convertido en zombi e intentar hincarles el diente. La carta era más útil en el oro extremo del tablero ¡pero quién resistirse a un golpe de efecto tan peliculero como ese!



Game Over para la maciza hija del granjero

Justo al lado otro grupo estrenaba "Huida de Silver City", recién llegado desde la editorial. La cosa no acabó bien para los supervivientes, con alguna duda en la interpretación de reglas:

"Pues no es para tanto esto del Apocalipsis Zombi..."


Algo más alejados Oz y Jasulo hacen tiempo jugando al "Zombiaki". Una suerte de "Plants vs Zombies" de cartas, donde las sufridas plantas son sustituidas por sufridos supervivientes...



Nuevas partidas y los jugadores vuelven a distribuirse en nuevos grupos. Por un lado algunos deciden jugarse el pellejo recreando la escapada del centro comercial en el "Dawn of the Dead". Un print&play que me quedé con las ganas de jugar y que según aparece acabó como el rosario de la aurora... ¡como debe ser en un buen juego de zombis!




Justo al lado algunos intentamos acabar con la pandemia (zombi, por supuesto) jugando al "Pandemia" (todo un exponente de juego alemán : mecánicas pulidas, cubitos de madera y un diseño francamente mejorable). Me gustó la sencillez de la mecánica y la rapidez de las partidas, que duran poco más de media hora. Para los que lo prueben solo un consejo: ¡vigilad el Extremo Oriente! Si es que ya lo advertían en "Guerra Mundial Z"...





Y por último, porque entre unas y otras se había ido todo el día entero, los pocos que no habíamos ido sucumbiendo estrenamosamos el recién conseguido "Zomboree". Otro juego print&play (solo gente como Oz y Jack son capaces de currarse un juego a base de fotocopias) de mecánica similar al "Hombres Lobo de Castronegro" donde la novedad es que los jugadores eliminados pueden seguir jugando como zombis. 




Mención especial se merece la jugada de Neni a la que, en un alarde de individualismo superviviente, no le tembló el pulso lo más mínimo para robarle el equipo a Oz y abandonarle ante los zombis, al más puro estilo de Shane en la serie de "The Walking Dead".  "Hacer una Neni" ha pasado a instituirse en el club como expresión oficial para liarla muy gorda y puñaladas traperas varias.
Sin duda el juego tiene grandes posibilidades de convertirse en un imprescindible de las reuniones grandes, ya que acepta un buen puñado de jugadores.

Después de emociones tan intensas, y porque algunos ya llevábamos dieciséis horas de partidas, los cinco últimos supervivientes (Jack, Oz, Jasulo, Neni y servidor) declaramos finalizado el curso de supervivencia apocalíptica, entregamos los diplomas y tapiamos la puerta del bunker después de de dejarlo bien abastecido de víveres, arma y munición. Que nunca se sabe cuándo va a llegar el momento en que hará falta de verdad.





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