domingo, 12 de septiembre de 2010

White Dwarf: suspenso en lengua



Hace unos días he terminado de leer la White Dwarf correspondiente al mes de septiembre, y una vez más me ha vuelto a llamar la atención la mala calidad de la traducción. No es que en este último número sea más evidente que en otros anteriores, pero parece ser que se ha convertido en algo corriente en muchas de las publicaciones de GW.



Lo que me llama la atención es que se trata de un hecho que viene dándose en los últimos años, o al menos eso me parece a mí, porque no guardo recuerdo de haber notado estas faltas de redacción en años más mozos de la Workshop, ni lo he observado leyendo la 2ª edición del reglamento que conseguí hace algunas semanas. No se trata tanto de errores ortográficos propiamente dichos –hoy en día no hace falta ser culto para escribir correctamente, para eso están las herramientas de corrección ortográfica- como de errores de redacción, y algunos de ellos gordos: falta de consonancia en formas y tiempos verbales, frases inconexas o a medio acabar, vocablos equívocos o directamente incorrectos…


Se trata de un grave defecto en cualquier medio encarado a un público, algo que una revista veterana que en noviembre cumplirá diecisiete años debería tener más que superado. Si además tenemos en cuenta que se vende al más que respetable precio de 7 €, lo cierto es que carece de justificación. Del ejemplo que supone para los lectores más jóvenes prefiero ni hablar.



Las publicaciones de Games Workshop y Belén Esteban, dos graves amenazas para la lengua castellana


Y sobre todo, lo más importante bajo mi punto de vista: la White Dwarf fomenta un hobby, los wargames, donde la precisión y la exactitud de lo que se expresa es algo básico e imprescindible. Un wargame donde las reglas se explican de manera ambigua y farragosa está condenado al fracaso. Eso tal vez explica la aparición de las F.A.Q. que se publican al poco tiempo de editar un nuevo codex: muchas veces son aclaraciones de reglas confusas por culpa de una mala traducción.

Hace unos años, cuando en cada país la WD editaba sus propios contenidos, era comprensible que la media de calidad fuese más irregular, ya que dependía de la calidad de los diferentes equipos redactores. Luego la central decidió unificar los contenidos de todas las revistas, en una maniobra que a mi parecer era bastante lógica. Según tengo entendido, tanto la redacción como la traducción y la impresión se realizan en distintos países atendiendo a un criterio de ahorro de costes. De este modo los contenidos se planifican y redactan en el Reino Unido, la impresión se realiza en otro país, y la traducción se realiza en otro…. o la realiza un programa de traducción.

Y es aquí donde supongo que está la clave del asunto, porque ya digo que los errores ortográficos son algo que los puede corregir cualquiera con tan solo pulsar una tecla. Los problemas empiezan cuando hay que poner a alguien a corregir y pulir una traducción que probablemente está realizada por un programa, tarea que probablemente recaiga en la sufrida figura de un becario mal pagado, normalmente condenado a realizar las tareas ingratas de las que nadie quiere encargarse, y con una preparación escasa o que a menudo no tiene nada que ver con los trabajos que realiza. Como siempre hay de todo en cada casa, pero muchos hemos conocido casos de compañeros que han malgastado su período de aprendizaje trayendo cafés o redactando cartas personales para el jefe de sección, al modo de un secretario.

Los marines también lloran. En este caso no por las nuevas reglas, sino por la traducción...

…Y supongo que este es el panorama. La labor de traducción la realiza un programa informático en vez de un traductor profesional, y la corrección la realiza un chico-para-todo que necesariamente no tiene por qué tener la cultura literaria, el tiempo o la actitud adecuada para realizar esa tarea. Más aún, el traductor de este tipo de contenidos debería poseer un conocimiento lo bastante holgado no solo de las reglas, sino del trasfondo con el que trabaja, porque al fín y al cabo el trasfondo es lo que le otorga una coherencia interna al universo en el que se desarrolla. No parece ser el caso, ya que de otro modo no se explican los errores de traducción y la incongruencia entre unas publicaciones y otras. Y esto supone un flaco favor al universo que ambienta nuestros juegos...

No voy a justificar las meteduras de pata del corrector-presunto-becario-explotado, pero se supone que al final de la cadena hay una figura encargada de revisar todo el conjunto, para comprobar que no hay ni una sola coma fuera de su sitio antes de ordenar su publicación. Si es así, tiene sus funciones bastante dejadas.

Termino ya con la pataleta, pero me gustaría hacer un llamamiento desde este modesto blog a quien corresponda en GW España:

Promueven ustedes un universo de juego que ha superado el cuarto de siglo de edad. Muchos de los aficionados hemos crecido inmersos en sus juegos, y hemos ido madurando como individuos y también como jugadores. Debería ir siendo hora de que su universo, y más de una de las políticas que les acompaña, lo hagan también. La calidad de sus traduciones hace un flaco favor a la calidad de su producto, distorsiona un universo profundo y fascinante, y sobre todo molesta y decepciona a los jugadores, que son los destinatarios finales. En un mercado donde cada vez más otras compañías y universos de juego se abren hueco, ciertos aspectos de su política comercial podrían llegar a cobrarse un precio bastante alto, en un plazo más corto de lo que ustedes mismos podrían llegara a pensar.











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