miércoles, 20 de marzo de 2013

ATZ. Diario de Jack


Día 43. 11 AM

Dicen que la chica se llama Lisa, y no sabemos si llegará a mañana.
Alexander se ofreció ayer a quemarle las heridas (dos profundos mordiscos en el costado) de la misma manera que hicimos con Robert. No parecen haberse infectado, pero ha pasado la noche delirando y ardiendo de fiebre.
El chico con aspecto de granjero paleto se llama Wills. Tanto él como el niño -Arthur es su nombre- han aceptado unirse a nosotros, aunque algo en su actitud me hace pensar que Wills nos culpa del estado de la chica, al menos en parte. Supongo que no es para menos: los salvamos de los mismos muertos que nosotros atrajimos con el ruido de nuestro motor. Aún no tengo muy claro si el niño es familiar de alguno de ellos, o solo un conocido... Supongo que pronto tendremos ocasión de averiguar algo más.

Todo esto nos coloca en una posición bastante delicada. Nuestra despensa ya estaba medio vacía antes de su llegada, y dos... perdón, tres... bocas más que alimentar han empezado ya a mermar nuestras reservas cuando aún no ha pasado ni un día.
No creo que podamos aguantar más de una semana con nuestros víveres sin empezar a racionarlos drásticamente.

Hay un supermercado relativamente cerca y estamos preparándonos para hacer una salida. Si todo sale bien estaremos en casa antes de que llegue la hora de una improbable cena. No creo que haya mucho de valor tras las incautaciones de los militares, pero hemos de intentarlo. Ann y Laura se quedarán en casa , cuidando del refugio, los niños y Lisa.




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Día 43. 23:30 PM

Aquí estoy, escribiendo bajo la sábana a la luz de una linterna. Todo está en silencio, un silencio que pesa como una manta y que está terminando de desquiciarme los nervios. No creo que ninguno vayamos a dormir esta noche.
Ha sido uno de los peores días que he vivido. Es tal la sensación de impotencia que he vomitado dos veces.
Lo ocurrido hoy ha terminado de convencerme: debemos largarnos de Palestine cuanto antes. En esta ciudad maldita solo podemos encontrar dolor, y probablemente una muerte solitaria.
No tengo fuerzas para continuar escribiendo y relatar lo sucedido. Tal vez mañana... además debo ahorrar la batería de la linterna.



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