domingo, 30 de noviembre de 2014

Fabricando un tablero hexagonado (II): colinas

Como contaba en la entrada anterior, después de acumular un par de tardes y unos cuantos ratos perdidos por fin tenía el tablero básico: 113 hexágonos en total. Para irle dando algo de alegría ahora tocaba elaborar las plantillas de terreno y decidí empezar por crear algunas colinas. A efectos de juego serían los típicos elementos que ralentizan el movimiento de tus tropas cuando más necesitas que avancen, ocultan la visión cuando quieres disparar a un objetivo y ofrecen menos cobertura ante las atenciones del enemigo de la que te gustaría.

Después de darle algunas vueltas decidí que tendrían un aspecto muy básico (al menos esta primera hornada): la clásica elevación ondulada, de relieve suave y cubierta de hierba, que colmarían las fantasías urbanísticas de hordas de amables hobbits. Decidí no representar crestas rocosas ni piedra desnuda para diferenciarlas de las montañas o colinas agrestes que habría de crear luego.

Lo primero que hice fue recortar una quincena de hexágonos de PVC. Algunos de ellos los recorté en piezas de a dos para representar colinas de mayor tamaño, lo que me daría también la posibilidad de trabajar un poco más el acabado y que no fuesen todas tan homogéneas.
Luego  recorté los mismos hexágonos en corcho expandido, con la ayuda de un cutter y algo de paciencia, y los pegué sobre las piezas de PVC:




Una vez seca la unión comencé a darle algo de relieve. Si alguien se anima con un proyecto similar es recomendable que dedique algunos minutos a decidir el aspecto final que desea conseguir. En el caso concreto de estas colinas tuve que llegar a un equilibrio entre el acabado y la utilidad, renunciando en parte al realismo y haciéndolas con cimas más bien planas y formas redondeadas, para garantizar que las figuras se tengan en pie con un mínimo de garantía:



El siguiente paso fue darle algo de textura. Para ello usé la misma mezcla del terreno básico a base de arena y cola rebajada con agua. Luego, a esperar el tiempo necesario para asegurarme de que la mezcla estaba bien seca.



Por desgracia no tengo fotos de los últimos pasos, pero no representan una especial complicación. Una vez la mezcla está bien seca le doy una segunda capa de cola rebajada con agua y espero a que se vuelva a secar. De este modo me aseguro de que no se desprenderá ni un solo grano.

Luego le doy una capa de marrón para darle color a la tierra. Puede hacerse mediante aerógrafo o a pincel, yo lo hice con un pincel de tamaño grande para dar un par de capas de Marrón Chocolate.

Una vez seca la capa de pintura le añado la hierba. Para eso utilizo serrín teñido (podéis ver el tutorial AQUÍ) que pego con cola algo diluida. Si queda alguna calva en el terreno no hay que preocuparse, contribuye a darle realismo y color. Añado algunas manchas de césped electrostático y algunos arbustos dispersos para darle algo de variedad. Y cuando está bien seco... ¡nueva capa de cola con agua para que haga las veces de barniz!

El último paso es darle algo de variedad a la hierba. Aunque no es imprescindible mejora bastante el acabado final, yo utilicé el aerógrafo mezclando verdes y amarillos a voluntad para iluminar aquí y allá. El resultado final es el que podéis ver (a pesar de la foto):



Como veis no es un proceso complicado aunque si algo laborioso. La parte positiva es que puede realizarse a ratos perdidos, y mientras se secan las piezas puedes dedicar tu atención a otros proyectos. En la próxima entrega la fase con la que más he disfrutado: las peanas de bosque.
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