jueves, 24 de noviembre de 2011

Un regalo esperado en tiempos de crisis

Estas últimas semanas he escrito poco en el blog. Los pinceles no han estado quietos en absoluto (en realidad hacía tiempo que no pintaba tantas minis y escenografía), pero actualmente mis inquietudes están más centradas en lo mismo que preocupa a otros cuatro millones largos de personas que habitan esta piel de toro que tan audazmente nos atrevemos a llamar país: encontrar un nuevo trabajo y capear la avalancha de facturas cada final de mes.
Eso sí que es épico, y no las batallas de Apocalipsis...

En medio de un panorama tan oscuro como el que se nos presenta a muchos para lo que queda de 2011 y para el cercano 2012 no hay más remedio que hacer balance de prioridades. Lógicamente lo primero que ha salido perdiendo drásticamente es el presupuesto destinado al ocio. A los muñequitos, vamos. Siendo positivo (no nos queda otra), puedo verlo como una oportunidad para ir dando salida a esas minis olvidadas en las profundidades de la estantería ¡dicen que no eres un auténtico wargamero si no guardas suficientes minis como para pintar durante toda una vida y al menos una reencarnación!

De modo que he adaptado mis gustos a los nuevos tiempos siguiendo la lógica de "debo recortar gastos - tengo decenas de minis muertas de risa - cada vez busco juegos más tácticos y menos masivos - busco ambientaciones alternativas o más genéricas". En gran medida mi actual proyecto de Horda Zombi  -bueno... el más actual de mis cinco proyectos abiertos- o mi fuerza del Ejército Combinado para Infinity vienen en esta línea: proyectos pequeños, fáciles, rápidos (aunque conociéndome...) y que den el mayor número posible de horas de juego.
Aprovecho la excusa para mostrar los progresos de mi horda zombi. Un buen puñado ya están terminados o en proceso, este es el resultado después de colocarlos en peanas y dar algo de masilla:


Pero en realidad esta parrafada no era de lo que quería hablar, sino de una sorpresa que no por esperada me ha hecho menos ilusión. Hará cosa de un mes la editorial de juegos GMT Games lanzó una oferta sorprendente por segundo año consecutivo: si acreditabas tu condición de desempleado y enviabas tus datos de correo, ellos te enviaban  los dos juegos que escogieses del catálogo (siempre que estuviesen en stock) sin gasto alguno.

Habéis leído bien. Sin gasto alguno.

No sé muy bien a qué estrategia comercial obedece una oferta semejante, supongo que fidelizar clientes o crear otros nuevos a través de generar simpatías. Desde luego creo que es algo bastante poco común, y directamente impensable en un país con la tradición empresarial de España... pero no voy a entrar a divagar con eso. La cuestión es que en menos de veinticuatro horas recibí contestación personal de la editorial, donde me comunicaban con mucha amabilidad que habían tomado nota de mi solicitud, y que los recibiría en menos de diez días tras cerrarse la oferta.

Ayer me llegaron a casa perfectamente embalados:


Había jugado al Combat Commander una vez y me gustó el sistema de juego, con densidad de opciones pero un reglamento bastante sencillo en su base. Al que no he jugado es al Command & Colors Napoleonics, pero sí que probé el C&C Ancients (hablé sobre él en esta entrada) y me atrajo mucho su sencillez y profundidad. Una excusa perfecta para asomarse al mundillo de los wargames napoleónicos, territorio de los wargameros de pelo en pecho. Tendré que hablar con algunos amiguetes del club...

Como pega vuelvo a poner el aspecto gráfico, con una estética que creo entiende mal el significado de "retro". Colores planos y diseños simples (especialmente el C&C Napoleonics), tableros algo endebles (especialmente el Combat Commander)... que sin embargo no empañan la gran calidad de los demás aspectos del juego. La verdad es que me ha alegrado la semana, y estoy deseando probarlos. Y oye, a caballo regalado...

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